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Estudios1 Juan · Estudio 111 Juan 2:18-23

«Salieron de nosotros»: los anticristos y los que permanecen

Antes del anticristo final hay muchos anticristos: maestros que niegan al Hijo. Un estudio de 1 Juan 2:18-23 — por qué «salieron de nosotros» prueba que «no eran de nosotros», y la prueba doctrinal definitiva.

Juan pasa ahora de los rivales del corazón (el mundo) a los rivales de la fe: maestros que habían salido de las propias iglesias y negaban a Cristo. Y les da un nombre fuerte:

«Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.»
1 Juan 2:18 · RVR1960

Muchos anticristos antes del anticristo

«Anticristo» (antíchristos) — palabra que en toda la Biblia solo usa Juan — significa el que se opone a Cristo o pretende ocupar su lugar. Juan afirma dos cosas a la vez: viene el anticristo (una figura final de oposición, cf. 2 Tesalonicenses 2:3-4), y ya hay muchos anticristos: falsos maestros que hacen ahora, en pequeño, lo que aquel hará en grande (Akin, 2001; Stott, 1988). El «último tiempo» no es una fecha del calendario sino la era entera entre la primera y la segunda venida de Cristo: la etapa final del plan de Dios, en la que vivimos desde los apóstoles.

La aplicación es sobria: el peligro mayor para la iglesia nunca ha venido de fuera — imperios, censos, prohibiciones — sino de dentro: maestros con vocabulario cristiano y otro cristo. Jesús lo advirtió («falsos profetas... con vestidos de ovejas», Mateo 7:15) y Pablo igual («de vosotros mismos se levantarán hombres», Hechos 20:30).

«Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros»

«Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.»
1 Juan 2:19 · RVR1960

Este versículo responde una de las preguntas más dolorosas de la vida cristiana: ¿qué pasó con aquel que parecía tan creyente y abandonó la fe? La respuesta de Juan es quirúrgica: su salida no deshizo lo que eran; la reveló. «Si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido» — la permanencia es la marca de lo genuino. El apóstata no es una oveja que se perdió, sino alguien que nunca fue oveja aunque pastó años con el rebaño (Calvino, 1551/1994, sobre 2:19).

Y esto, lejos de amenazar la seguridad del creyente, la protege por los dos lados. Al verdadero hijo le confirma que la perseverancia no depende de su fuerza: los que son de Él, permanecen, porque Él los guarda (Juan 10:28; Filipenses 1:6). Y al confiado le advierte: haber estado «entre nosotros» — años de banca, servicio y vocabulario — no es lo mismo que ser «de nosotros». La pregunta no es cuánto tiempo llevas alrededor de Cristo, sino si estás en Él.

La unción: por qué el creyente común no es presa fácil

«Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.»
1 Juan 2:20 · RVR1960

Frente a los maestros de élite que ofrecían «conocimiento superior», Juan dice a los creyentes comunes: vosotros ya tenéis la unción del Santo — el Espíritu Santo con la verdad del evangelio — y por eso «conocéis todas las cosas»: no omnisciencia, sino todo lo necesario para reconocer la mentira (cf. 2:27). El cristiano más sencillo con su Biblia y el Espíritu está mejor equipado contra el error que el académico sin ellos. Juan no escribe porque ignoren la verdad, «sino porque la conocéis» (2:21): la defensa contra lo falso es conocer mejor lo verdadero (Hiebert, 1991).

La prueba definitiva: qué hace con el Hijo

«¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.»
1 Juan 2:22-23 · RVR1960

Aquí está el detector de anticristos, válido en el siglo I y hoy: ¿qué hace con Jesús? Toda secta y todo liberalismo teológico, por distintos que parezcan, coinciden en el mismo punto: rebajar al Hijo — profeta pero no Dios, maestro pero no Salvador, criatura exaltada pero no el Cristo. Y Juan cierra la puerta que muchos quieren dejar abierta: no existe el «creo en Dios pero no en Jesús». «Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre.» No hay acceso al Padre saltándose al Hijo (Juan 14:6); pero — y este es el consuelo del versículo 23 — el que confiesa al Hijo tiene también al Padre. Con Cristo se tiene todo; sin Él, nada, por mucha religión que acompañe (Akin, 2001).

Para ti, hoy

Dos ejercicios. Primero, calibra tu detector: cuando evalúes un predicador, un libro o un canal, no preguntes primero si es elocuente o si «te habló» — pregunta qué dice de Jesús: ¿Dios encarnado, Cristo, único Salvador, o algo menos? Esa sola pregunta desenmascara el 90 % del error. Segundo, deja que 2:19 te empuje a lo seguro: no descanses en tu historial con la iglesia sino en Cristo mismo, y usa los medios por los que Dios guarda a los suyos — su Palabra permaneciendo en ti (2:24), la oración, su pueblo. Los que son de Él, permanecen. Permanece.

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Referencias